logo Portada Editorial Politica Economia Sociedad y cultura Tecnologia Videos p3m Contacto ...

POLITICA - REGIONALES (22/08/11)

La Masacre de Trelew: Una historia de amor derribada por la dictadura



“Hubiera querido traspasarte / Hasta diluirme en tu sangre soñolienta / Y conocerme al revés / Y salirme / Y verme al verte / Hubiera querido muchas cosas / y no me alcanzó el tiempo”, escribe una jovencita de pelo largo, boca amplia y mirada nublada por las lagrimas. Lo hace en el penal de Rawson, mientras mira el espacio entre barrote y barrote por donde se ven  los alambres de púa que se mezclan con el cielo.

 

Días antes, la marina argentina ha asesinado a 16 de los 19 “compañeros” que se habían escapado de la cárcel. El plan no salió como se lo esperaba y los únicos que pudieron irse en avión a Chile fueron los cabecillas de las tres organizaciones guerrilleras que convivían en el Penal(Montoneros,FAR,ERP). Rosa María Pargas pensaba que uno de los caídos  había sido Alberto Camps, el muchacho de las FAR con el que mantenía contacto a través de las cartas que pasaban de mano en mano hasta llegar a destino.

 

 Así lo recuerda, Raquel Camps Parga, hija de esa pareja que nació un tiempo antes de la Masacre de Trelew,  ese hecho que la escritora Liliana Cher denominó “el preludio de la dictadura militar”.  Ella junto su hermano representan lo que pasó a contramano del poema. Alberto sobreviviría a la masacre y viviría para espacir su relato hasta ser acribillado por un grupo de tares en 1977.  En ese momento estaba en su casa y Raquel escondida en el baño con tan solo diez meses de vida.

 

Hubiera querido

 

 “Este texto forma parte de un libro que recopila los poemas y cartas escritas por mi madre durante su estadía en el Penal de Rawson. Hubiera querido es el poema que le dedica a mi padre después de la masacre.  Ella pensaba que él había sido uno de los caídos y por eso hace un reconto de lo que hubiese deseado hacer con mi viejo pero no pudo. Simbólicamente es el hubiera querido de todos los que la conocieron y los que no”, expresa Raquel.

 

Después a su  padre lo trasladaron a un hospital de Bahía Blanca y a todas las presas del penal a Devoto. En el 73 salieron y se casaron: “Al tiempo, mi madre quedó embarazada de mi hermano y volvieron a caer presos en Devoto. Mi hermano es uno de los primeros bebes nacidos en cautiverio. De hecho salió en los diarios y hasta hubo una marcha”.


 Luego, ambos regresaron al afuera con la opción de irse. Perú, México e Italia fueron sus destinos. Pero retornaron como clandestinos y fueron encontrados por quienes los habían amenazado de muerte.  Los dos estaban decididos a luchar por sus  convicciones hasta las últimas consecuencias, según Raquel. Así lo hicieron cuando las Far se integraron a Montoneros.

La muerte.

 

“El sistema de inteligencia que se usó para agarrar a mi viejo fue impresionantes. En general se utilizaba la tortura, hablabas o chau. En el caso de mi viejo, una persona declaró que había olor a pan en la casa donde estaba.  Que era como un pan de viena más rico de lo común. Entonces las fuerzas compraron todos los panes de todas  las panaderías de la zona y se los hicieron  probar uno por uno hasta que reconoció cual era el indicado”, relata.

Así una tropa parapolicial desanduvo el reguero de pólvora que conducía al hogar de Camps y Pargas. Raquel tira ese desenlace que recuerda lo que se les hacía a quienes estaban enfrentados a la dictadura: “A mi madre la agarraron en la esquina con mi hermano, la metieron en el baúl de un auto y se la llevaron. Intentó  tomar una pastilla de cianuro pero no lo logró.  En cambio, yo estaba  en la casa con mi viejo que me puso en el baño. Ahí nomas bajaron la casa a tiros. Pegaron balazos hasta en el piso. Yo tenía solo diez meses”.

Su vida

 

La muerte lo encontró. La desaparición hizo lo mismo con ella después de ser torturada en dos centros clandestinos. Raquel y su hermano fueron enviados a un hogar para niños y después  recuperados por sus abuelos: “Por miedo, en mi casa no había fotos de mis viejos. Nosotros fuimos huérfanos  por mucho tiempo tanto en la familia materna como en la paterna. No podíamos hablar de lo que había sucedido”.

Según Raquel, esto se explica por todo lo que pasaron sus familiares. Autos que seguían a sus tios, secuestros seguidos de tortura.  Ella dice que antes de reencontrarse con su historia, no militaba por la manera en la que se había creído(hoy lo hace en un colectivo de Hijos). Le tenía miedo “a la oscuridad, a que su abuela se fuera, a todo”.

El Ahora

 

“Hace más de un mes  pude escuchar la lectura de la sentencia de los asesinos de mi mama. Se siente una paz más allá de que haya sido tarde y que no hayan sido todos. En este último tiempo, tenga que ver o no con la apertura de los juicios, mucha gente se acercó a darme información sobre mis viejos. Antes no estaban dadas las condiciones o no era el momento. Lo bueno que sucedió. Bueno para los que pudieron dar su testimonial y contar lo qué pasó y tanto para nosotros que tenemos que reconstruir y necesitamos ese cuento”, remarca.

La causa de la que habla es que la se llevó adelante contra los represores del centro clandestino El Vesubio por donde pasó su madre: “Cuando estuve a dos metros de ellos lo que más me dio impotencia fue saber que conocían lo que habían hecho con mi vieja. Eso  es terrible, te marca para siempre .Encima sé que seguro que se llevarán esa información a sus tumbas. Igual creo, como razonaba mi madre, que las cosas suceden cuando tienen que pasar.  Fue el momento en que los sobrevivientes podían hablar debido al contexto político social”.

 

Fundación Patagonia Tercer Milenio
Sindicato Regional de Luz y Fuerza de la Patagonia
SIESE Manuel Ugarte
Jovenes Solidarios

 

 

Copyright 2010 - Prensa Tercer Milenio - Ciudad Autonoma de Buenos Aires, Argentina